3 de julio de 2022

25 poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

Una fascinante y cautivadora colección de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

Una fascinante y cautivadora colección de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

Gustavo Adolfo Becquer En Sevilla Gustavo Adolfo Becquer En Sevilla

Gustavo Adolfo Becquer es uno de los mejores poetas del mundo. Sus obras han sido aclamadas internacionalmente y está considerado como el poeta nacional de España. Poeta español renombre escribió sobre todo poemas de amor. A menudo usaba un lenguaje sencillo con un ritmo que hacía que sus poemas fueran fáciles de leer y memorizar.



La infancia de Becquert

Su padre (José Domínguez Bécquer) murió en 1841. Durante este tiempo, Bécquer fue abandonado por su madre (Joaquina Bastida) en un huerfanato a una edad temprana. Perdió a su padre a los cinco años y su madre murió seis años después.

Tras la muerte de sus padres, su vida fue muy compensada por el amor que recibió del del resto de su familia, sobre todo de su madrina, Manuela Moneja Moreno, y por la permanente actividad de Becker en la pintura, la escritura y la música.

Gustavo comenzó su educación en la Escuela Abad de San Antonio. En 1846 se matriculó como alumno en el Colegio de San Telmo. Pasó unos meses en Toledo con su madrina, Manuela Monnehay Moreno, y su tío Joaquin Dominguez Becquer.

Fue también enviado a una escuela privada para niños en Toledo, donde fue un caso serio de tuberculosis, la enfermedad aparecio por primera vez en 1857. Bécquer comenzó a coquetear con las letras y las rimas y escribir historias cortas sobre su vida.

Gustavo Adolfo Bécquer Nació en Sevilla

Nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836. Poeta español que escribió principalmente poesía de amor y es considerado uno de los más grandes poetas españoles de todos los tiempos. Gustavo Adolfo Bécquer es un gran ejemplo de un poeta que usó su oficio para explorar la condición humana. Su trabajo a menudo se describe como trágico y existencialista, con temas de soledad y aislamiento. La poesía de Bécquer se inspiró en gran medida en la naturaleza, especialmente en el campo cercano a su casa en Sevilla, y su obra más influyente es una conocida por todos: «Poemas y Leyendas» que es muy recomendable para cualquier amante del género.

Su verdadero nombre fue Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida. Como el tercer apellido de su padre, Bécquer, procedente de un antepasado flamenco, lo usó para para firmar sus escritos.

¿Cuál es el poema más famoso de Bécquer?

Su obra más famosa es sin duda Rimas y Leyendas, una recopilación de sus poemas y cuentos. Hoy en día, esta última se considera una de las obras clásicas y obligadas de la literatura hispana.

Y el poema más famoso del Poeta Bécquer es el aclamado Rima LII (Volverán las oscuras golondrinas)

Rima LII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
¡así no te querrán!

25 Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer

A continuación hemos elegido los mejores poemas y ricas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer : 25 grandes poemas de Gustavo Adolfo Bécquer, que sin duda son muy interesantes y lleno de romantismo.

1. Rima XXV

Cuando en la noche te envuelven

Las alas de tul del sueño

y tus tendidas pestañas

semejan arcos de ébano,

por escuchar los latidos

de tu corazón inquieto

y reclinar tu dormida

cabeza sobre mi pecho,

¡diera, alma mía,

cuanto poseo,

la luz, el aire

y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos

en un invisible objeto

y tus labios iluminan

de una sonrisa el reflejo,

por leer sobre tu frente

el callado pensamiento

que pasa como la nube

del mar sobre el ancho espejo,

¡diera, alma mía,

cuanto deseo,

la fama, el oro,

la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua

y se apresura tu aliento,

y tus mejillas se encienden

y entornas tus ojos negros,

por ver entre sus pestañas

brillar con húmedo fuego

la ardiente chispa que brota

del volcán de los deseos,

diera, alma mía,

por cuanto espero,

la fe, el espíritu,

la tierra, el cielo.

2. Volverán las oscuras golondrinas (es por muchos, como mencionado antes, el poema más famoso de Bécquer)

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a tus cristales

jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres…

ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día…

ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar,

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante un altar,

como yo te he querido… desengáñate,

nadie te querrá.

3. Rima XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima

y… mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y enjugó un llanto,

y la frase en mi labio expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día?.

Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?. Es cuestión de palabras, y, no obstante,

ni tu ni yo jamás,

después de lo pasado convendremos

en quién la culpa está

¡Lástima que el amor un diccionario

no tenga donde hallar

cuando el orgullo es simplemente orgullo

y cuando es dignidad!

4. Rima XLV

En la clave del arco mal seguro

cuyas piedras el tiempo enrojeció,

obra de cincel rudo campeaba

el gótico blasón.

Penacho de su yelmo de granito,

la yedra que colgaba en derredor

daba sombra al escudo en que una mano

tenía un corazón.

A contemplarle en la desierta plaza

nos paramos los dos.

Y, ese, me dijo, es el cabal emblema

de mi constante amor.

¡Ay!, es verdad lo que me dijo entonces:

verdad que el corazón

lo llevará en la mano… en cualquier parte…

pero en el pecho no.

5. ¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¡Qué es poesía!, ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú.

6. Rima LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy

¡y siempre igual!

Un cielo gris, un horizonte eterno

y andar… andar.

Moviéndose a compás como una estúpida

máquina el corazón;

la torpe inteligencia del cerebro

dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,

buscándole sin fe;

fatiga sin objeto, ola que rueda

ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono

canta el mismo cantar,

gota de agua monótona que cae

y cae sin cesar.

Así van deslizándose los días

uno de otros en pos,

hoy lo mismo que ayer… y todos ellos

sin gozo ni dolor.

¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando

del antiguo sufrir!

¡Amargo es el dolor pero siquiera

padecer es vivir!

7. Rima I

Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de ese himno

cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre

domando el rebelde mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra

capaz de encerrarle, y apenas ¡oh! ¡hermosa!

si teniendo en mis manos las tuyas

pudiera al oído cantártelo a solas.

8. Rima II

Saeta que voladora

cruza, arrojada al azar,

y que no se sabe dónde

temblando se clavará;

hoja que del árbol seca

arrebata el vendaval,

sin que nadie acierte el surco

donde al polvo volverá.

Gigante ola que el viento

riza y empuja en el mar

y rueda y pasa y se ignora

qué playa buscando va.

Luz que en cercos temblorosos

brilla próxima a expirar,

y que no se sabe de ellos

cuál el último será.

Eso soy yo que al acaso

cruzo el mundo sin pensar

de dónde vengo ni a dónde

mis pasos me llevarán.

9. Los suspiros son aire y van al aire

¡Los suspiros son aire y van al aire!

¡Las lágrimas son agua y van al mar!

Dime, mujer: cuando el amor se olvida,

¿sabes tú a dónde va?

10. Rima XXIII

Por una mirada, un mundo,

por una sonrisa, un cielo,

por un beso… yo no sé

qué te diera por un beso.

11. Rima LXVII

¡Qué hermoso es ver el día

coronado de fuego levantarse,

y a su beso de lumbre

brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia

del triste Otoño en la azulada tarde,

de las húmedas flores

el perfume aspirar hasta saciarse!

¡Qué hermoso es cuando en copos

la blanca nieve silenciosa cae,

de las inquietas llamas

ver las rojizas lenguas agitarse!

¡Qué hermoso es cuando hay sueño

dormir bien… y roncar como un sochantre…

y comer… y engordar… ¡y qué fortuna

que esto sólo no baste!

12. Rima XXVI

Voy contra mi interés al confesarlo,

no obstante, amada mía,

pienso cual tú que una oda solo es buena

de un billete del Banco al dorso escrita.

No faltará algún necio que al oírlo

se haga cruces y diga:

Mujer al fin del siglo diez y nueve

material y prosaica… ¡Boberías!

¡Voces que hacen correr cuatro poetas

que en invierno se embozan con la lira!

¡Ladridos de los perros a la luna!

Tú sabes y yo sé que en esta vida,

con genio es muy contado el que la escribe,

y con oro cualquiera hace poesía.

13. Rima LVIII

¿Quiéres que de ese néctar delicioso

no te amargue la hez?

Pues aspírale, acércale a tus labios

y déjale después.

¿Quieres que conservemos una dulce

memoria de este amor?

Pues amémonos hoy mucho y mañana

¡digámonos, adiós!

14. Rima LXXII

Las ondas tienen vaga armonía,

las violetas suave olor,

brumas de plata la noche fría,

luz y oro el día,

yo algo mejor;

¡yo tengo Amor!

Aura de aplausos, nube radiosa,

ola de envidia que besa el pie.

Isla de sueños donde reposa

el alma ansiosa.

Dulce embriaguez

¡la Gloria es!

Ascua encendida es el tesoro,

sombra que huye la vanidad.

Todo es mentira: la gloria, el oro,

lo que yo adoro

sólo es verdad:

¡la Libertad!

Así los barqueros pasaban cantando

la eterna canción

y a golpe de remo saltaba la espuma

y heríala el sol.

-¿Te embarcas? gritaban, y yo sonriendo

les dije al pasar:

Yo ya me he embarcado, por señas que aún tengo

la ropa en la playa tendida a secar.

15. Fatigada del baile

Fatigada del baile,

encendido el color, breve el aliento,

apoyada en mi brazo

del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa

que levantaba el palpitante seno,

una flor se mecía

en compasado y dulce movimiento.

Como en cuna de nácar

que empuja el mar y que acaricia el céfiro,

tal vez allí dormía

al soplo de sus labios entreabiertos.

¡Oh! ¡quién así, pensaba,

dejar pudiera deslizarse el tiempo!

¡Oh! si las flores duermen,

¡qué dulcísimo sueño!

16. Rima LV

Entre el discorde estruendo de la orgía

acarició mi oído

como nota de música lejana,

el eco de un suspiro.

El eco de un suspiro que conozco,

formado de un aliento que he bebido,

perfume de una flor que oculta crece

en un claustro sombrío.

Mi adorada de un día, cariñosa,

-¿En qué piensas? me dijo:

-En nada… -En nada ¿y lloras? – Es que tengo

alegre la tristeza y triste el vino.

17. Rima L

Lo que el salvaje que con torpe mano

hace de un tronco a su capricho un dios

y luego ante su obra se arrodilla,

eso hicimos tú y yo.

Dimos formas reales a un fantasma,

de la mente ridícula invención

y hecho el ídolo ya, sacrificamos

en su altar nuestro amor.

18. El arpa olvidada

De su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga «¡Levántate y anda!»

19. Rima XLVII

Yo me he asomado a las profundas simas

de la tierra y del cielo,

y les he visto el fin o con los ojos

o con el pensamiento.

Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo

y me incliné un momento,

y mi alma y mis ojos se turbaron:

¡Tan hondo era y tan negro!

20. Rima XXII

¿Cómo vive esa rosa que has prendido

junto a tu corazón?

Nunca hasta ahora contemplé en el mundo

junto al volcán la flor.

21. Rima XLIX

Alguna vez la encuentro por el mundo

y pasa junto a mí

y pasa sonriéndose y yo digo

¿Cómo puede reír?

Luego asoma a mi labio otra sonrisa

máscara del dolor,

y entonces pienso: -Acaso ella se ríe,

como me río yo.

22. Rima XLIV

Como en un libro abierto

leo de tus pupilas en el fondo.

¿A qué fingir el labio

risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences

de confesar que me quisiste un poco.

¡Llora! Nadie nos mira.

Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.

23. Rima XCI

Podrá nublarse el sol eternamente;

Podrá secarse en un instante el mar;

Podrá romperse el eje de la tierra

Como un débil cristal.

¡todo sucederá! Podrá la muerte

Cubrirme con su fúnebre crespón;

Pero jamás en mí podrá apagarse

La llama de tu amor.

24. Rima XLII

Cuando me lo contaron sentí el frío

de una hoja de acero en las entrañas,

me apoyé contra el muro, y un instante

la conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche

en ira y en piedad se anegó el alma ¡y entonces comprendí por qué se llora!

¡y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor… con pena

logré balbucear breves palabras…

¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…

Me hacía un gran favor… Le di las gracias.

25. Rima XLVIII

Como se arranca el hierro de una herida

su amor de las entrañas me arranqué,

¡aunque sentí al hacerlo que la vida

me arrancaba con él!

Del altar que le alcé en el alma mía

la Voluntad su imagen arrojó,

y la luz de la fe que en ella ardía

ante el ara desierta se apagó.

Aun para combatir mi firme empeño

viene a mi mente su visión tenaz…

¡Cuándo podré dormir con ese sueño

en qué acaba el soñar!

La Glorieta de Bécquer Sevilla

En el Parque María Luisa de Sevilla, se puede ver la Glorieta de Bécquer mientras se camina por el parque. Es un lugar agradable para pasar una tarde. El monumento dedicado al poeta Gustavo Adolfo Bécquer es una estructura circular, con un gran árbol en el medio y un monumento de mármol alrededor del árbol. Está decorado con esculturas y un enorme ciprés. El gazebo de la Glorieta de Bécquer tiene tres mujeres que representan tres etapas de amor. Las tres mujeres llevan ropa tradicional del siglo XIX, que le da a la pieza un ambiente romántico.

Muchas parejas y personas llevan sus poemas y otras obras. La estatua es el lugar perfecto para conocer a alguien especial. Rodeado de flores y árboles es el lugar perfecto para una cita romántica. Es una hermosa obra de arte y un lugar maravilloso para pasar su tiempo.

La escultura ha sido declarada un activo de interés cultural e establecida muy cerca de la Plaza de España, la Glorieta de Becquer es un destino turístico popular en Sevilla donde los viajeros pueden dar un paseo.

La Glorieta De Becquer Parque Maria Luisa Sevilla

Detalle de La Glorieta de Bécquer en Sevilla.

¿Qué hace que los poemas de Bécquer sean únicos?

Bécquer era un poeta español que escribió en el estilo del romanticismo. Sus poemas son a menudo sobre la naturaleza y el amor.

Los poemas de Adolfo Bécquer son únicos porque utilizan muchas metáforas y símiles, lo que les da una calidad poética. También usan la repetición para crear ritmo.

Algunos de los poemas más famosos escritos por el poeta español son representativos de este estilo. Sus poemas son únicos en el sentido de que utilizan muchas metáforas y símiles, dándoles una calidad poética única.

En Cuántas veces al pie de las musgosas, podemos ver belleza de sus rimas.

Cuántas veces al pie de las musgosas…

LXX

¡Cuántas veces al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama!
¡Cuántas veces trazó mi triste sombra
la luna plateada
junto a la del ciprés que de su huerto
se asoma por las tapias!
Cuando en sombras la iglesia se envolvía,
de su ojiva calada
¡cuántas veces temblar sobre los vidrios
vi el fulgor de la lámpara!
Aunque el viento en los ángulos oscuros
de la torre silbara,
del coro entre las voces percibía
su voz vibrante y clara.
En las noches de invierno si un medroso
por la desierta plaza
se atrevía a cruzar, al divisarme
el paso aceleraba.
Y no faltó una vieja que en el torno
dijese a la mañana
que de algún sacristán muerto en pecado
acaso era yo el alma.
A oscuras conocía los rincones
del atrio y la portada;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.
Los búhos que espantados me seguían
con sus ojos de llamas,
llegaron a mirarme con el tiempo
como a un buen camarada.
A mi lado sin miedo los reptiles
se movían a rastras,
¡hasta los mudos santos de granito
creo que me saludaban!

poemas de aldofo becquer

Los derechos del vídeo pertenecen a su autor

Josefa Espin, la mujer de Bécquer

Era el otoño de 1858, cuando el dramaturgo paseaba por Madrid con un amigo, recuperándose también de una grave enfermedad, la tuberculosis a instancias de su médico. En uno de estos paseos, Gustavo Aldofo Bécquer conoció a Julia Espín.

Muy alta, de piel morena pero pálida, delgada, con el pelo oscuro y rizado, ojos pardos muy abiertos y sobretodo hermosa. Al verla en el balcón de su ventana, fue un rayo de amor, un flechazo desde el primer momento entre los dos.

Por aquel momento, Becquert aún intentaba encajar en los círculos literarios madrileños y publicaba en algunas publicaciones, mientras que el pariente de Julia pertenecía a los círculos musicales más conocidos y reputados de Madrid, ya que el padre de Julia Espín; Joaquín Espín, era el Director ni más ni menos de los Coros del Teatro Real. En cuanto a su madre, Josefina Pérez, era sobrina de la cantante Isabella Colbrand.

La creatividad de Bécquer floreció y escribió muchas de sus obras más famosas en su presencia mientras estaban juntos Hizó de ella protagonista de algunos versos de sus conocidas «Rimas y leyendas», o incluido El sueño de amor. Espín murió en 1906, el 19 de diciembre de 1906 a la edad de 68 años.

Después de amar y conocer a Julia Espin, Becquer conoció a otra joven llamada Elisa Guillen. Se apasiona profundamente de Elisa Guillén, que proviene de una familia adinerada y es muy bella. Esta pasión hace sufrir mucho al poeta porque está dominada por la amargura y el dolor. Elisa no tarda en cansarse de él, le abandona para encontrar a otro hombre y deja a Beszker sumido en la desesperación.

Muerte de Aldofo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer murió joven, a los 34 años, 22 de diciembre de 1870 en Madrid. Fue un poeta, narrador y periodista español, considerado la cumbre del romanticismo hispano y el iniciador de la poesía española contemporánea. La fama de Bécquer se basa en un solo libro, publicado póstumamente, pero fue una figura influyente en la literatura española por su periodismo. Se le considera uno de los poetas románticos más importantes de toda la literatura española, aunque no se conserva prácticamente todo de su obra poética, según algunos de sus amigos, escribió muchos de ellos en retazos de papel que se perdieron o fueron tirados.

Obra literaria de Aldofo Bécquer

1857

Historia de los templos de España

1860-61

Cartas literarias a una mujer, cartas publicadas en El contemporáneo

1864

Cartas desde mi celda

1868

El Libro de los Gorriones. La compilación de sus «Rimas» se perdió el manuscrito durante la «Revolución Gloriosa» de 1868 y Bécquer con fuerza de voluntad las escribió de nuevo, resulto que el poeta las llamo «poesías que recuerdo del libro perdido».

1871

Leyendas, publicadas en varios revistas antes de la muerte del autor.
Rimas, obra póstuma. Edición del año 1871 tiene 76 rimas. La edición considerada definitiva contiene diez más de las 76 rimas.

En total, las obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer comprenden:

  • Veinte Leyendas.
  • Diez Cartas desde mi celda.
  • Cartas literarias a una mujer.
  • Los Templos de Toledo.
  • las Rimas.
  • Trozos poéticos de la adolescencia.
  • 15 Ensayos Literarios.
  • 24 crónicas sobre Tradiciones y costumbres españolas.
  • 19 crónicas de tema diverso.
  • Pensamientos ‘diversos’.
  • 1 Testamento Literario.

Fue de hecho bautizado el 10 de octubre de 1801 en la iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir de Lima, y sus descendientes directos, empezando por su propio padre José Domínguez Bécquer, eran pintores de costumbres andaluzas, y tanto Gustavo Adolfo como su hermano Valeriano estaban muy dotados para el dibujo. En realidad, Valeriano se decantaba por la pintura. Sin obstante, el 26 de enero de 1841, cuando el joven poeta tenía cuatro años, su padre falleció y su vocación de pintor perdió su mayor apoyo.

Además si te interesa, consulta nuestra oferta gastronómica: